Perseguido (Capítulo 1) [Elige cómo sigue]

Enviado el por Guillermo Pereira.

Nota inicial: Como nuevo experimento narrativo, doy inicio, con el relato Perseguido, a la modalidad de Elige cómo sigue, en la cual, al finalizar cada capítulo, ustedes tendrán la oportunidad de decidir cómo continúa la historia, a través de una votación. No hay nada preparado desde antes, ni siquiera sé cómo empezará ni terminará esta historia, ni cuántos capítulos tendrá. Depende de ustedes. Yo escribiré el siguiente capítulo una vez que se note una clara mayoría en las votaciones. ¡Veamos qué resulta!

* * *

Capítulo 1: SOLO SÉ QUE NADA SÉ

Un punzante dolor de cabeza me despertó de golpe. Pareciera que alguien me había clavado, con máximo placer, una estaca justo detrás de mi ojo derecho. Me sentía hecho un desastre: tirado al lado del inodoro y empapado por completo. ¿Sudor, agua o…? Realmente era lo que menos importaba en ese momento. No podía recordar nada de las últimas horas y mucho menos el lugar en el que me encontraba. Percibí un olor rancio en el ambiente, aunque, más que rancio, era tóxico, como colonia de bebé.

A pesar de sentir el cuerpo adolorido a más no poder, traté de levantarme como pude. Noté que algo sostenía en mis adormecidas manos. En la mano izquierda, un frasco de medicamento; en la derecha, un trozo de papel manchado con sangre.

Lo primero que acerqué a diez centímetros de mis ojos fue el frasco. La etiqueta decía: TRIAZOLAM 0,25mg. Algo recordaba haber escuchado sobre ese medicamento. Con seguridad mi abuela lo consumía para el insomnio o algo así. El frasco estaba vacío y no era muy difícil imaginar que alguien me había hecho ingerir todas las pastillas. Me acerqué, con dificultad, el papel que sostenía con mi otra mano y lo leí achicando los ojos. Dos líneas:

Te mentirán tres veces.
15th St/Alton Rd

La frase me dejó más desorientado. ¿Acaso estaban jugando conmigo? ¿Me querían hacer creer que estaba en la enésima secuela de El juego del miedo? Al ver las calles anotadas, pude recordar, con mucho esfuerzo, que me encontraba en Miami. ¿Vacaciones? ¿Trabajo? Ni idea. Quien quiera que me haya hecho esto se preocupó de hacerlo bien. No recordaba ni una mierda. Antes de guardar el trozo de papel, una gota cayó desde mi frente hasta mi mano. La sangre, al parecer, era mía. Pasé la manga de mi camisa por la frente para secarme y luego busqué heridas en mi cabeza. Ninguna.

El primer intento de levantarme, fallido. Mi pierna izquierda palpitó fuertemente y provocó que me cayera de trasero al suelo. Me subí con lentitud el pantalón de tela, por el lado de la pierna, y pude ver el motivo: tenía la extremidad entre pálida y amoratada, con signos claros de no haber recibido oxígeno por al menos un par de horas. El escenario era genial; me encontraba mojado, atontado y cojo.

El segundo intento, ahora con el cuidado que merecía la situación, resultó fructífero y pude, a duras penas, apoyarme en la pared más cercana para salir del baño.

Me encontré con una pieza algo desaseada, con muebles baratos y jarrones chinos con flores de plástico. No era muy difícil adivinar que estaba en un motel de cuarta, sobre todo al percatarme que tanto las paredes como el techo se encontraban cubiertos de espejos. Una ventana que daba a la calle se encontraba abierta y el viento acariciaba frenéticamente las cortinas. Absorto y mientras trataba de unir hilos en mi cabeza, un golpe en la puerta me despertó del trance.

—¡Eh, Carl, ábreme la puerta! —pronunció una voz ronca, desde el otro lado del umbral de entrada, al tiempo que golpeteaba de manera insistente contra la madera.

Claro, la cantidad de medicamento no podía ser tanta como para olvidar mi propio nombre, mas no pude identificar la voz de mi interlocutor, al menos no de primeras.

—¡Ábreme ya! ¡Necesito conversar contigo urgentemente! —insistió el hombre.

Sin responder ni dar un paso para provocar ruido alguno, me llevé la mano al bolsillo y busqué hasta dar de nuevo con el trozo de papel ensangrentado. Lo leí una vez más.

Te mentirán tres veces.
15th St/Alton Rd

—¿Carl, estás allí? ¡Si estás, por favor, ábreme la puerta!

Hice silencio una vez más. La confusión de la situación me convirtió en un animal cauteloso, con los mecanismos de defensa listos para ser activados al más mínimo momento de peligro. El texto me daba una advertencia y un lugar. Fuera una farsa todo esto o no, debía averiguarlo de alguna manera.

Miré la ventana abierta y me acerqué de puntillas hacia ella. Me encontraba en un segundo piso y, dada la poca altura, podía huir fácilmente lanzándome al contenedor de basura que estaba justo debajo de la improvisada vía de escape.

—¡Carl! ¡Déjame hablar contigo antes que ellos lleguen a ti! —sentenció el hombre. Seguí sin responder.

¿Quiénes serían ellos? ¿Y por qué estarían tras de mí?

El hombre, desconocido aún, golpeaba sin cesar la puerta y, por lo visto, no se daba por vencido, aunque yo no perdía las esperanzas. Mis interrogantes se iban sumando y debía actuar lo antes posible.

Había llegado el momento de tomar una decisión.

* * *

Votación cerrada, la opción ganadora fue “Carl le abre la puerta al hombre” con el 50% de las preferencias.

Capítulo 2 en redacción. ¡Vuelve en unos días!

(Relato leído 420 veces)

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Etiquetas: Elige cómo sigue, Ficción

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