El botín

Enviado el por Guillermo Pereira.

Estaba en un lío. El golpe en la cabeza fue bastante duro, pero lo que importaba era huir de aquellas criaturas, ahora que el botín se encontraba en su poder.

Para aquel mago encapuchado, la sagrada Hidromiel valía cualquier riesgo, pero esto se había escapado completamente de sus manos. Luego de entrar en la guarida y casi perderse entre aquellas paredes cavernosas, logró captar la atención de los trasgos al tropezar y caer de cabeza a unos cuantos metros de ellos. Torpe. Al menos alcanzó a agarrar una botella y huir como si el mismísimo Balrog lo persiguiera.

Siguió corriendo, esperando que la salida apareciera en algún momento y que su magia volviera a tener efecto bajo la luz del sol. Su doncella Leonor necesitaba el elixir. Y allí estaba la salida, pero los trasgos montados en sus bestias le pisaban los talones, cada vez más cerca.

Era el fin. Hasta que tembló muy fuertemente.

Y todo se fue a negro.

Despertó tirado en medio del pasillo del ala oeste del hospital. Se levantó con un punzante dolor en la frente. El estante que le cayó encima tras la réplica le provocó un corte en la frente y más importante que eso, un serio retraso en su misión.

“Ya, basta de fantasías, debo entregar esta dosis de insulina lo antes posible”. Y el joven, de polerón con capucha gris, escapó por la misma puerta de emergencia que con mucha astucia entró y corrió hasta la casa de la pequeña Leonor.

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Etiquetas: Fantasía, Microcuentos

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